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Cómo sobreviven latinos en el código postal 75211, el más afectado por covid-19

El coronavirus pega fuerta a sector de mayoría hispana y lleno de trabajadores esenciales

Ofelia Faz-Garza vive en un vecindario de casas pequeñas con las entradas repletas de macetas, algunas con fuentes ornamentales al frente y niños jugando en el patio de atrás.

Esas casitas esconden uno de los más grandes brotes de coronavirus en Dallas.

Hasta esta semana, la zona postal 75211, donde vive Faz-Garza en el sur de Oak Cliff, tenía el mayor número de casos activos de covid-19 en el condado de Dallas y uno de los promedios per cápita más altos del área.

Ella y su esposo, Héctor Garza, solo han salido dos veces con sus tres niñas en los últimos cuatro meses.

Hizo mascarillas con el tema de Star Wars, ordenó a todos lavarse las manos con frecuencia en el único baño y mejoró la dieta de la familia con comida más nutritiva.

Entonces, cuando varios familiares suyos resultaron con covid-19 y expusieron a sus padres, llevó a su padre y madre a una estación de prueba de coronavirus en su auto deportivo blanco.

Para alivio suyo, dieron negativo.

“Qué miedo que familiares salgan con covid”, dijo Faz-Garza, profesora de artes.

Pero hay algo que le preocupa de otros latinos: muchos continúan congregándose en grandes grupos, y no muchos usan cubrebocas.

“No están captando el mensaje”, dijo.

Mientras los casos de covid-19 aumentan, la zona postal 75211 ilustra una tendencia mayor en el Norte de Texas.

El área es hispana en un 84%.

En el condado de Dallas, más del 60% de las personas infectadas son latinas, a pesar de que ese segmento representa solo el 41% de la población.

Texas es el estado que tiene el mayor número de personas sin seguro. En el condado de Dallas, los que más tienden a no tener seguro médico son los latinos, lo que hace que muchos posterguen ir a un médico.

“La 75211 reúne las condiciones y factores perfectos para la propagación del coronavirus”, dijo Elba García, comisionada del condado de Dallas por el Distrito 4, donde se encuentra el código postal.

Como factores enumeró la alta densidad de viviendas, los hogares multigeneracionales donde las personas enfermas no se pueden aislar fácilmente, y el miedo a buscar atención médica.

Muchos de mis representados son indocumentados. Tienen miedo de tener contacto con cualquier organismo de gobierno, y eso incluye servicios médicos.

Elba García, comisionada del condado de Dallas por el Distrito 4

En la zona también viven muchos trabajadores esenciales de sectores como la construcción y salud. Los trabajadores esenciales conforman más del 80% de las personas hospitalizadas en el condado.

Estos trabajadores no pudieron quedarse en casa tanto como los residentes de zonas más afluentes de la ciudad.

Estadísticas del Centro de Innovación Clínica de Parkland (PCCI) muestran que el índice de personas que se quedaron en casa en la zona postal 75211 aumentó en 11 puntos porcentuales durante el periodo de confinamiento, en contraste con los 20 puntos porcentuales en partes de Preston Hollow, por ejemplo.

Hasta el viernes, el área tenía también el quinto promedio per cápita más elevado del condado de Dallas con 191 por cada 10,000 habitantes.

El índice fue un 60% mayor que el promedio del condado, 120 por cada 10,000 habitantes.

Más del 20% de casos positivos

La doctora Sharon Davis es directora médica de Los Barrios Unidos Community Clinic, una organización sin fines de lucro que atiende a las personas independientemente de su capacidad para pagar.

Trabajador de la salud realiza una prueba de covid-19 en un sitio móvil manejado por FEMA en Los Barrios Unidos Health Center

A mediados de junio Davis recibió una unidad móvil de análisis clínico patrocinada por el estado en su clínica en West Illinois Avenue del sur de Oak Cliff.

Más de 200 personas llegaron a la unidad en dos días, de las cuales por lo menos 44 dieron positivo.

A nivel condado, el índice de resultados positivos de pacientes con síntomas que acuden a un hospital aumentó de alrededor de 10% a finales de mayo a 30.5%, según datos dados a conocer el viernes.

“Estamos hablando de un índice de resultados positivos de más del 20% en la comunidad, lo que es impactante”, dijo.

Sharon Davis, directora médica de Los Barrios Unidos Community Clinic

Davis dijo que la prematura reactivación ordenada por el estado causó confusión entre sus pacientes.

Aun mientras los reportes de casos diarios del condado de Dallas aumentaron de más de 200 a más de 400 en junio, la gente fue de las tiendas, incrementó sus compras de mandado y se reunió con familiares y amigos.

Tal vez se debía al cansancio causado por el coronavirus, pensó.

Quizá las cifras son tan abrumadoras que ya no saben cómo reaccionar. Es como si, después de varios traumas, perdieran la sensibilidad.

Sharon Davis

Dijo además que los síntomas de covid-19 pueden ser fáciles de pasar desapercibidos. Ella ha visto pacientes dar positivo después de quejarse de síntomas de alergia como picazón en la garganta y resfrío.

Otros han tenido algunos días con diarrea pero sin fiebre.

En otros casos, el virus golpea rápido y duro. Una paciente llegó a su trabajo en un consultorio médico recientemente sintiéndose bien, dijo Davis. Para medio día ya tenía una fiebre de 102 grados (38.8 centígrados).

Se fue a su casa y descubrió que también sus padres tenían fiebre. Dentro de 24 horas, los cinco miembros de la familia estaban enfermos de covid-19, y sus padres tuvieron que ser hospitalizados.

Impedir que el coronavirus se extienda dentro de las familias es uno de los más grandes retos de Davis.

A nivel nacional, cerca del 10% de los latinos vive en hogares multigeneracionales, en contraste con el 4.5% de los blancos, según datos del Censo.

Davis aconseja a las familias aislar a sus miembros enfermos lo más posible y limpiar los baños con una solución de cloro u otro desinfectante.

Ya que el vapor hace que el virus quede suspendido en el aire, aconseja dejar los baños vacíos, con el extractor funcionando, por al menos dos horas después de que una persona con covid-19 se haya bañado.

Orientar a los vecinos

Mientras el número de casos continúa en aumento —la zona postal 75211 registró más de 200 nuevos casos en las últimas dos semanas—, los vecinos se informan el uno al otro sobre la enfermedad.

Faz-Garza se sumó al artista Giovanni Valderas de Dallas, también domiciliado en el 75211, para hacer una presentación bilingüe en Facebook sobre el coronavirus.

Ramiro Luna (der.) junto a sus compañeros de Somos Tejas, una organización que va puerta a puerta para dar información sobre el covid-19.

En español y en inglés, hicieron énfasis en la necesidad de lavarse las manos y mantener la distancia social. Valderas finalizó diciéndoles a los espectadores: “Tenemos capacidad para levantarnos. Vamos a perseverar”.

Faz-Garza citó un dicho maya sobre el cuidado comunitario: “Yo soy tu otro tú. Tú eres mi otro yo”.

Su esposo, Héctor, es inspector de casas y sigue yendo a trabajar, pero dice que es cuidadoso “casi hasta el extremo”.

Cuando sus clientes se presentan con cubrebocas, él siempre los elogia.

“Les digo ‘gracias por tomar precauciones extra'”, dice.

Si no traen, “trato de no extralimitarme”, agrega. “Te miran como que fueras grosero por cuestionarlos”.

Y cuando regresa a casa, Garza se va derecho a la lavadora e inmediatamente lava la ropa que usó ese día.

Una mañana húmeda de sábado, el activista Ramiro Luna y su equipo se reunieron en Martin Weiss Park en Oak Cliff, donde los niños solían andar en bicicleta libremente y las risas se mezclaban con el ocasional cacareo de los gallos.

Fueron tocando puertas para ilustrar a los vecinos sobre el peligro del coronavirus.

Su equipo es parte de Somos Tejas, una organización que fomenta la participación cívica. En ella participa un consultor de negocios y la directora asistente de una escuela preparatoria. Casi todos tienen nexos con la zona postal 75211.

Todos van preparados con desinfectante de manos, mascarillas N-95 y una táctica de distancia social por si alguien abre la puerta.

Esto no es solo una zona postal. Son nuestros vecinos, familias y seres queridos. Es nuestra responsabilidad cuidarlos.

Ramiro Luna, activista de Somos Tejas

Se acercaron a pequeñas casas con revestimiento de vinil y algunas con fachadas de ladrillo. Algunos vecinos dijeron que trabajan en la construcción, haciendo trabajos de concreto o de carpintería.

Jesús Muñoz era uno de ellos. Él traía una mascarilla desechable azul cuando habló con la comitiva de Somos Tejas afuera de la casa de su madre.

Fue expuesto al coronavirus por un amigo de un hermano, dijo.

Le acababan de hacer la prueba. Pocos días después, su prueba salió negativa.

Mucha gente no tiene cuidado. No toman el virus en serio.

Jesús Muñoz, vecino de Oak Cliff

Además, los reportes de prensa sobre la letalidad del virus son confusos al ser comparados con lo que dicen los políticos, dijo.

“Estamos en tiempos en que todos son muy egoístas”, dijo.

Los latinos están en primera línea contra el coronavirus velando por los demás como trabajadores en plantas procesadoras de alimentos, conduciendo camiones de carga o limpiando negocios.

También son los que están más expuestos a contraer el virus por su trabajo, sus bajos ingresos y problemas de salud.

Por esa misma calle, Basilio Gómez comenta que muchos latinos además son muy sociables.

“Pero yo siempre trabajo con cubrebocas”, dijo el trabajador de la construcción, cuya compañía tiene un contrato con Amazon.

Christina Rodríguez, directora asistente de una preparatoria, estaba ansiosa por ayudar a Somos Tejas.

La población latina está desempeñando trabajos esenciales.

Christina Rodríguez, directora asistente de preparatoria

Trabajan en plantas procesadoras de carne, en restaurantes, son carpinteros, plomeros… todos han comprado casa en la zona postal 75211.

“Pero aun si uno usa cobrebocas, se cometen errores”, dijo Rodríguez.

El coronavirus tomó por sorpresa a Erika, una residente del código postal 75211 y su familia.

Diez miembros de su familia se infectaron después de que una hermana fue a lo que ella pensó que sería una pequeña cena. Cuando llegó, había muchos más en la mesa.

Texas acababa reabrir su economía en mayo y pensó que estaría bien. Tres días después, la hermana de Erika tuvo síntomas. Y comenzó a contagiar a otros miembros de su familia.

Erika pidió que su nombre completo no sea utilizado para proteger a otros miembros de su familia sin ciudadanía. Perdió 20 libras por la enfermedad, pero no tuvo que ser hospitalizada.

Su esposo no tuvo tanta suerte. Estaba infectado y se fatigaba y le faltaba el aliento. A mediados de junio, fue hospitalizado con neumonía y covid-19.

Una semana después, fue dado de alta. Todos en la casa de Erika rápidamente contrajeron el coronavirus, por lo que no se aislaron en su casa. Pero siguieron limpiando y desinfectando.

La carga emocional fue dura para los niños. Una noche, el hijo de 7 años de Erika le preguntó a una tía: “Si mi mamá y mi papá mueren, ¿podrían ser mi mamá?”.

El hijo de Erika, de 9 años, trataba de ser fuerte, le dijo: “Sé que nunca puedo ser tu esposo, pero puedo ayudarte a cuidar a mis hermanos”.

Y luego el niño se puso a llorar.

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